La cosmética masculina tiene un problema de tono. Casi todo el sector grita: negro mate, tipografías de motor, palabras como fuerza, energía o boost. Le promete a un hombre que sea otro, pero un hombre adulto y con criterio, no quiere que le griten.

Cuando nos planteamos crear Aplomo desde cero (nombre, posicionamiento, concepto e identidad visual completa), partimos justo de ahí: construir la marca de cuidado masculino que un hombre compra sin que le dé reparo tenerla a la vista. Lo contrario del ruido.

El nombre lo dice todo: Aplomo es serenidad y dominio de uno mismo, pero además proviene de la plomada: el hilo con su peso que marca la vertical exacta, lo que está recto y verdadero. Compostura y precisión. De ahí nace el territorio de marca: cuidado masculino sin artificio. Lo justo, bien hecho. Una gama de seis productos numerados del 01 al 06 (sin uno de relleno) en la que el nombre de cada referencia dice, sin rodeos, lo que hace.

Aplomo

La identidad que creamos lleva esa idea hasta el final. Integramos la plomada en el propio logotipo y la convertimos en el patrón gráfico que recorre todo el sistema. Renunciamos al negro obligatorio: un verde oliva sereno como color de marca, el cobre como único acento cálido y una base neutra de tonos minerales. Una tipografía limpia, sin alardes, que sostiene la jerarquía por sí sola y un estilo fotográfico de luz natural, piel real y materiales honestos (piedra, vidrio ámbar, hoja de olivo), lejos de la estética de gimnasio. El sistema se aplica al packaging, al expositor de tienda, al pack de regalo, a la gráfica de revista y al exterior: en todos, la misma calma.

Aplomo no promete otro hombre. Le devuelve el que ya es, en condiciones.

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